Cómo realizar el mantenimiento de la puerta de acceso al minibús

Las revisiones preventivas garantizan la seguridad y en muchos casos evitan averías posteriores

La puerta del minibús es el primer capítulo del viaje que van a realizar todos los pasajeros. El acceso al vehículo no tiene mucha importancia, en la mayoría de las ocasiones pasa desapercibido, hasta que no funciona. En ese momento el acceso es indispensable para poder hacer un servicio.

Sin embargo, no es fácil resolver un problema que aún no existe, ni siquiera resulta sencillo planteárselo y menos aún si cuesta dinero o conlleva la inversión de un tiempo, y por eso los responsables de muchos vehículos se olvidan, erróneamente, del mantenimiento preventivo. Unos minutos de revisión evitarán probablemente una avería y ahorrarán algunos costes en el futuro.

Integralia recomienda realizar un  mantenimiento preventivo de cualquier minibús con una frecuencia de cada seis meses o cada vez que el vehículo sume 50.000 kilómetros.  En el caso de la puerta de acceso al minibús, el mantenimiento se puede llevar a cabo por cualquier profesional que no sea experto, ni siquiera requiere tener nociones de mecánica, solo se necesita invertir un poco de tiempo y seguir unas sencillas instrucciones que Integralia incluye en el IBBC del propio vehículo.

 

En las puertas de servicio el primer punto de control es el sistema general, donde se repasan de forma visual los elementos que lo componen. Después se califica cuál es la sensibilidad de los microrruptores. A continuación es el turno del mando de emergencia, seguido por una inspección visual del estado y el engrase de la barra de giro. El último paso es revisar que las cuñas de encaje de la puerta se acoplen y estén en buen estado.

Por supuesto, no siguen el mismo procedimiento las dobles puertas, que cuentan con otros diez puntos en los que hay que prestar atención a las tensiones de las diferentes correas y a los sistemas de articulación. En total, este mantenimiento no debe extenderse más allá de media hora, media hora que nos puede evitar un disgusto más grande después.

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